Hola, hola soñadora!!

Mi padre hace 30 años que padece una enfermedad que le afecta a la audición del oído izquierdo. Por ello le han operado, que yo recuerde, más o menos unas cinco veces. La última vez hace tan solo unas semanas.

El otro día le llamé para preguntarle qué tal estaba y me dijo que iba regular porque en la última revisión no estaba su médico habitual, y el sustituto no había querido explicarle mucho de cómo se encontraba. Además, le dijo que le iba a mandar unas gotas para prevenir la infección y al final no se las recetó. Mi padre, que tenía miedo de volver a tener infección como las últimas veces, se quedó con el run run en la cabeza de que esa persona, aparte de no haberlo tratado muy bien no le había mandado las gotas para prevenir la infección y que probablemente acabaría teniéndola.

Yo le dije que por qué no había vuelto a la consulta a preguntarle al médico la razón por la cual no le había mandado finalmente las gotas y él, muy enfadado, me dijo que simplemente se le habría olvidado porque ese médico era un incompetente, un inútil y que no tenía nada que hablar con él. Me dijo que, si ya le había tratado mal una vez, si hubiese vuelto a la consulta, probablemente le hubiera tratado mal de nuevo.

Mi padre se puso así simplemente porque no le dije lo que él quería escuchar, simplemente por eso. Yo le dije que él ya estaba suponiendo como iba a actuar otra persona y puede que simplemente se hubiera tratado de un error. Le dije que él tenía parte de responsabilidad en toda esta situación, porque si consideraba que necesitaba las gotas, simplemente tenía que haberlas pedido y que no debía dejar en manos de una tercera persona su bienestar.

Mi padre se lo tomó fatal, me dijo que al día siguiente ya tenía cita de nuevo con su médico y que le iba a decir cuatro cosas para que le echase un rapapolvo al suplente. Pero sabes qué, que mi padre acabó confesando que no le dijo nada al nuevo médico por vergüenza y no fue capaz de enfrentarse a él, por eso no volvió a la consulta para pedirle las gotas.

Al final, cuando volvió a la revisión, tenía el oído perfectamente y no tenía ningún tipo de infección. De hecho, están a punto de darle el alta definitiva y además su médico le dijo que el otro doctor no le había mandado las gotas porque después de leer su informe consideró que no las necesitaba.

Moraleja de la historia, mi padre se tiró una semana pensando que por culpa de otra persona acabaría con infección. Le dio toda la responsabilidad a otro, puso su bienestar en manos de un tercero y durante una semana estuvo pasándolo fatal y al final para nada, porque estaba perfectamente. Con todo esto quiero decirte que asumas tu parte de responsabilidad en tu vida, en tu día a día, en tu trabajo, con tu familia, con tu pareja, con tus hijos y tus amigos y no dejes en sus manos tu bienestar y sobre todo tu felicidad, porque eso depende solo y exclusivamente de ti.

¿Quieres ser responsable de tu vida? Si no quieres, sigue pensando y actuando como mi padre y sigue con tu papel de víctima, igual te gusta o igual no.

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